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domingo, 19 de septiembre de 2010

Dante

A pedido del público (??) subo esta pequeña historia que escribí hace mucho en el CBC para Semiología. Espero les guste.


Una mañana desperté y ví que él ya no estaba a mi lado. Todo se volvió confuso, no podía pensar con claridad. Los recuerdos de la noche anterior me abrumaban, me confundían, pero por sobre todo me dolían. No comprendía su comportamiento, ¿por qué se iría sin darme alguna explicación, comportándose tan infantilmente? Decidí calmarme, respirar hondo y pensar con claridad; Dante no podía estar dejándome, largando toda nuestra relación por una simple discusión de pareja. El casamiento me estaba poniendo paranoica, no estaba disfrutando la preparación de un momento tan importante para los dos como era este; el me había propuesto matrimonio así que no debía dudar de sus sentimientos. Definitivamente necesitaba calmarme, contar hasta cien si era necesario y pensar dónde podría estar mi futuro marido. Decidí darme una ducha, cambiarme y desayunar tranquila; era sábado y no debía ir a trabajar por lo tanto disfrutaría de mi fin de semana en casa. El paradero de mi novio me preocupaba bastante pero no debía pensar mal, aunque el no se levantase temprano los fines de semana éste podría haber sido la excepción. Todo no giraba en torno a mi así que Dante seguramente habría salido a comprar algo, a caminar o a dar una vuelta, simplemente para reflexionar un poco lo mal que habíamos terminado la noche pasada. El me amaba y yo a el. Nuestro amor era de esos que no podían explicarse con palabras, solo había que vernos y ya cualquiera podía percibir la entrega incondicional que llevábamos brindándonos desde hacia ya tres años. Todo era muy mágico y hasta a nosotros a veces nos costaba entender de donde salía toda esa química que poseíamos, cómo a primera vista nos habíamos enamorado.
De repente sonó el teléfono. Me tomo por sorpresa ya que mi mente estaba viajando en los recuerdos del pasado. Tomé el teléfono y me quede mirando el número que llamaba para ver si reconocía quién podría ser que estuviera llamando un sábado por la mañana. A los pocos minutos descubrí que era mi hermana. Desde el momento en que dije “Hola” todo fue muy rápido. Ahora sí Dante me había abandonado; un accidente automovilístico me lo había arrebatado de las manos. Todos los hermosos momentos juntos se habían ido junto con el. Ya nada me quedaba, solo un vestido de novia que jamás usaría, una casa vacía que no valía la pena compartirla si no era a su lado.
Tuvo que pasar mucho tiempo y muchas sesiones con mi psicoanalista para poder realizar mi duelo, rearmar mi vida y ponerme a contar la historia que a Dante mas le hubiera gustado que guardase en mi corazón para siempre; la de nuestro sincero y puro amor.

martes, 14 de septiembre de 2010


Miro a través de la ventana. Llueve. Me pierdo en mis recuerdos. Una amiga me pregunta qué hago. A lo lejos una voz, un hombre, retumba; no deseo escucharlo y vuelo. Voy más allá de estas cuatro paredes.
El árbol se agita por el viento malvado que sopla. Tiemblan los vidrios y me estremezco. El sonido me traslada a días en los que prefería callar, no oír; desaparecer. Ser otra. Caminar amarrada a tu cintura sin ningún paraguas que nos proteja solo la dura coraza de nuestro amor.
Y aquí todos callan mientras escuchan. Yo sigo observando como ahí abajo otros caminan, piensan en su amor, corren rápido a su casa, intentan olvidar el dolor, sueñan con un mañana mejor. Después de un día atrajeado solo desean secar las lágrimas que el cielo derramo y besar a quien los espera. Lo mismo espero yo. Llegar, mirarte y saberme viva. Porque estos días pasarán, el césped crecerá, el asfalto secará y mi vida volverá a girar sobre una ruleta de la cual poco sé ni me importa qué sucederá. Solo…



…solo Vivir.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Jugando a ser Penélope


Me veo parada como en una gran plaza donde miles de voces pasan por mi alrededor y yo intento captar una sola voz, tu voz, que me rescate del naufragio. Quizás deba sentarme a esperar pero no tengo ni deseo hacerme el tiempo necesario.
Ahora bien, esto es mentira. Sí, deseo. Te deseo y vos no me ves ahí sentada esperándote, jugando a ser Penélope, envejeciendo, sintiendo el vértigo del tiempo que pasó, que se alejó, que me abandonó y me dejo tirada en el callejón de los corazones rotos.

Y el tiempo vuelve a la realidad. Nada cambió. Vos estás a mi lado mirándome con curiosidad y preguntándome qué sucede, por qué una lágrima se arrastra por mi mejilla. Y yo te quito un beso y una sonrisa; entiendes que todo marcha más que bien, que simplemente me haces feliz.