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sábado, 26 de diciembre de 2009

Sucede que a veces la vida mata y el amor
te echa silicona en los cerrojos de tu casa,
o te abre un expediente de regulación,
y te expulsa del Edén, hacia tierras extrañas.
Sucede que a veces sales de un bar y la luz
quema la piel de este vampiro que te ama,
te llena la frente de fino polvo marrón-sur,
bostezas y te queman agujetas en las alas.

Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.

Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.

Sucede que a veces la vida mata y te encuentras
solo y en este corazón no reciclable
se hunden petroleros desahuciados y sospechas
que provocan miopía en lanzadores de puñales.
Sucede que a veces la vida mata y el invierno
saca su revólver, te encañona en las costillas,
te aterran los álbumes de fotos y el espejo,
huele a pino el coche y el mar a gasolina.

Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.

Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.

Sucede que a veces la vida mata...
Y siempre es viernes, siesta de verano...
Hoy ceno contigo, hoy revolución...

Ismael Serrano.
Alicia,
brújula y equilibrio.
Una tarde en un cine
rompiste el maleficio
y otro mundo es posible.

Alicia,
emprendamos el vuelo.
No habrá quien nos detenga,
señora de mis cielos,
boca de hierbabuena.

Si un día amanece sin mí,
Alicia es capaz de exigir
que los astros se detengan,
que reparen en mi ausencia,
que regresen por mí.

Alicia,
si hoy estás cansada
se detendrán mañana
los relojes, las calles,
las marchas militares.

Alicia,
dueña de mis suspiros,
resuelve el acertijo
que supone estar lejos
de tu luz y estar cuerdo.

A veces no puedo dormir, Alicia,
y sé que te vas a reír
pero ando loco buscando la melodía
que te congele en mi abrazo,
que te retenga a mi lado.

Alicia...
Alicia...

Ismael Serrano